Con la seriedad que caracteriza a la hermandad del Santo Sepulcro almeriense, aparecía Nuestra Señora de los Dolores, la reina de San Pedro, para los meses tras la pascua hasta la llegada de una nueva cuaresma.
Sudario en las manos, corona de espinas y clavos, siempre presentes en las manos de la señora tras despojar a su hijo de estos para su sepultura.
Estrenaba en esta ocasión un fajín morado donación de un hermano de la corporación.
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